Hace más de cuatro meses que no enciendo mi ordenador. Curiosa actitud porque más de un millón de veces he deseado hacerlo con todas mis fuerzas. Aquí me siento libre, y para ello, sólo yo sé de este pequeño “segundo hábitat” que empecé a “ocupar” hace ya tiempo y sólo desde mi ordenador. Pero durante todo este tiempo, ha permanecido cerrado.

A través de mis manos puedo expresar muchas sensaciones que me siento incapaz de sacar de cualquier otra manera… Por eso creé este sitio.


Millones de veces en mi vida he pensado en la muerte. En mi muerte. Qué ocurriría ese día, qué pensaría la gente, o si tal vez vendrían muchas o pocas personas, conocidas o no, a “despedirme”. En miles de millones de ocasiones, me he imaginado ahí plantada, justo al lado mi cuerpo, frío, sin rastro de lo que fue, sólo de aquellas marcas que señalan el paso del tiempo. Y desde allí siempre imagino qué vería, o cómo sería. Justo entonces, igual que me está pasando ahora, me estremezco y vuelvo otra vez aquí (en mi cuerpo, calentito aún, gracias a dios).

Estoy muy confundida, porque en realidad tengo miedo a la muerte. Pero no a la mía. Creo que estoy muy ofuscada.


Tenía tantas ganas de encontrar un trabajo, de sentirme útil con lo que siempre he estado aprendiendo, lo que me ha costado toda una vida conseguir. Y al final, sólo he conseguido eso. Un trabajo en el que cada vez me siento más fuera de lugar. No… que me hacen sentir más fuera de lugar. Lo odio… ¿porqué todo es así? ¿No se puede ser feliz, sin más? Igual es que soy demasiado exigente. Y es muy fácil decir, es más feliz el que menos desea, pero es que yo no deseo tanto… o tal vez sí.


Necesito libertad. Me siento fatal. ¿Por qué todo ha ocurrido así?, ¿Es una prueba?, ¿Por qué se comporta así conmigo?, ¿Seré yo?. Seguro que sí. Estoy confusa.


Esto es como buscar la cuadradura del círculo. Imposible. Así es la vida.



Laureta.