A veces nos toca sufrir situaciones, o vivir experiencias que te hacen madurar a la fuerza. Una vez más me ha tocado hacerlo. Madurar tal vez no sea la palabra. Pero es esta y no otra la que quiero usar en este momento porque sería justo lo que nos faltaría a más de uno.

Es curioso que siempre que se plantea una situación, de conflicto, de alegría, de torpeza, de amistad, o enemistad, de amor y cariño, o de desengaño, siempre, siempre y en cada una de las situaciones existen diferentes puntos de vista. Como ya cité en alguna entrada anterior, "un lienzo en blanco en el que cada uno ve lo que necesita ver". He tardado mucho, quizás, en aprender que esto es así. Y desde que empecé a ser consciente de ello, intento ser lo más "objetiva" posible. ¿Se puede eso cuando formamos parte de la historia? Cuesta, pero se puede.

Y la mejor manera de hacerlo, es enfrentarse a la situación, y poner las cartas sobre la mesa. Lo que viene a ser, pintar al unisono el mismo lienzo, aunque luego sólo sirva para romper la tela. Al menos, lo habré intentado. Entender la otra "visión" es terminar de entender la tuya propia. Y eso es lo que quiero hacer.

La vida es demasiado compleja. Pero prefiero vivir complejamente, que dejarla pasar sin complicaciones. ¿Complejo, verdad? ¿Quién dijo que fuera fácil?



Laureta.

PD: Las cosas siempre se tuercen cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos sólo de mofa.